La anatomía de los rebrotes de coronavirus en Asia

En China, Singapur o Corea del Sur se han adoptado en las últimas semanas restricciones para enfrentarse a nuevos brotes de la Covid-19 mientras los expertos asumen que habrá que convivir con segundas olas de contagios hasta que haya una vacuna

Una mujer reza en una celebración budista en Seúl.

Nota original: El Mundo. Lucas de Cal. https://www.elmundo.es/internacional/2020/06/01/5ed4aa5afdddff94858b459c.html

El primer sábado de marzo, China amaneció con menos de un centenar de nuevos contagios. Era la primera vez que esto ocurría desde el 18 de enero. Llegó el momento de empezar a hablar de la famosa desescalada. Pero el pueblo necesitaba una imagen para retomar la confianza en las cifras oficiales. Esta llegó con la visita de Xi Jinping a Wuhan (10 de marzo), al lugar donde todo comenzó. La nueva narrativa de victoria ya estaba en marcha.

Aún así, tuvo mucha repercusión esos días un editorial del diario China Daily que empezaba con una llamativa frase: “Una sola chispa puede volver a incendiar la pradera”. La chispa era un foco inesperado protagonizado por todas aquellas personas que regresaban a China con el Covid-19 en el equipaje. Entonces comenzó el miedo al rebrote, a una segunda ola de contagios, a volver a empezar de cero.

Esos días, muchos miraban el ejemplo de Hong Kong. En China Continental, pese a su propaganda de éxito, seguían atrapados en su lucha para contener el coronavirus, centrados en ese momento en los casos importados. Pero en la ex colonia británica apenas habían reportado 150 contagios y presumían de que las medidas de semicuarentena impuestas a sus 7,5 millones de habitantes habían frenado la pandemia.

Tanto que los funcionarios recuperaron sus puestos en las oficinas y los metros se volvieron a llenar. La gente perdió el miedo, abrazando cierta vida normal en los bares y restaurantes. Hasta que los contagios se empezaron a disparar, de nuevo, por aquellos que retornaban de otros países. Las autoridades de Hong Kong acabaron decretando que nadie que no fuera residente podía entrar en esta región administrativa especial. Una medida que sigue aún vigente en una ciudad con 1.085 casos confirmados.

A principios de abril la pandemia ya se había extendido por todo el mundo. En Asia, países como Singapur, alabado por su rápida respuesta al blindar sus aeropuertos en enero, sus test masivos y su rastreo de posibles infectados, empezó a enfrentarse a un rebrote por aquellos trabajadores extranjeros que volvieron en marz, procedentes de lugares que, a priori, no registraban altas tasas de contagio. En tres días pasaron de 5.000 a 9.000 infectados. Las medidas restrictivas se ampliaron. Hoy ya tienen más de 35.000 casos (aunque sólo 24 muertos).

Mayo: nuevos confinamientos en China

Mientras que en Singapur se disparaban los contagios, en China apareció un nuevo frente vírico en el noreste, en la provincia de Heilongjiang, en la frontera con Rusia. Decenas de ciudadanos chinos que regresaban del país de Putin dieron positivo en las pruebas de ácido nucleico. Primero se cerró una pequeña ciudad fronteriza de 70.000 habitantes llamada Suifenhe. Después, el confinamiento se impuso en la capital de la provincia, en Harbin (10 millones). Allí, varios funcionarios fueron despedidos por su negligencia al no prevenir un nuevo brote de coronavirus. Otros de mayor rango, como el vicealcalde de la ciudad, recibió un demérito político que no le permitirá prosperar en su carrera política. Muchos comercios que habían abierto volvieron a cerrar. Y miles de personas retornaron a la cuarentena domiciliaria.

Ya en mayo, cerca de allí, en la provincia de Jilin, también se empezó a hablar de un nuevo brote. Llevaban 73 días sin reportar un solo contagio, pero las autoridades rastrearon 46 nuevos casos relacionados con una mujer de 45 años que trabaja en una lavandería de la ciudad de Shulan. Pero, a diferencia del brote de Heilongjiang, la mujer no había salido de la urbe ni había estado en contacto con nadie que regresara del extranjero. Algo que desconcertó al Gobierno local. Además, los médicos alertaron de que el coronavirus se estaba manifestando de manera diferente en comparación con el brote original de Wuhan. Los pacientes de Jilin tardaban más en dar negativo y desarrollaban los síntomas una o dos semanas después de la infección.

En toda esta región se volvieron a limitar los movimientos a más de 100 millones de personas. Y en ciudades como Shulan los comercios echaron el candado y los niños dejaron las escuelas para retomar las clases online desde casa. En la jerga del coronavirus es lo que se conoce como la marcha atrás. Ciudades que superaron la pandemia, que volvieron a la normalidad, hasta que otra ola vírica, aunque leve, tumbó sus avances logrados.

El ejemplo de Corea del Sur

Un caso muy significativo también es el de Corea del Sur. La nación ha sido ejemplo mundial a la hora de frenar la pandemia. Una receta aplaudida basada en test masivos y monitorización de la población sin necesidad de establecer estrictas cuarentenas. Hasta que el jolgorio de la capital, Seúl, se vio interrumpido por un nuevo brote surgido en los clubes nocturnos de la zona céntrica de Itaewon.

El 11 de mayo se reportaron 35 nuevos contagios relacionados, según los medios locales, con un hombre que habría estado en cinco locales de fiesta. Entonces las autoridades cerraron 2.100 establecimientos nocturnos y empezaron a rastrear a todos aquellos ciudadanos que coincidieron de fiesta en las discotecas de Itaewon con el primer infectado. En total, relacionados con este foco, se han encontrado 266 casos.

El pasado viernes también se registraron más de un centenar de nuevos infectados, el peor brote en casi dos meses. La mayoría relacionados con un centro de comercio electrónico en la ciudad de Bucheon, a las afueras de Seúl. Esto interrumpió la desescalada surcoreana. Más de 250 escuelas cerraron pocos días después de haber reabierto escalonadamente a partir del 20 de mayo. También, en la capital y en sus alrededores, se han cerrado karaokes, museos y parques públicos. Las autoridades han pedido a la población que evite reuniones masivas y mantenga la distancia de seguridad. Hoy, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Corea ha informado de 35 nuevos casos (11.503 en total), la mayoría de ellas relacionadas con el centro de Bucheon.

Países como Corea del Sur o China sacan ventaja -al menos en cuestión de tiempo- en la lucha contra la pandemia al resto del mundo. Cuando los países europeos empezaban a poner sus restricciones y cuarentenas, en estas naciones asiáticas ya iban por la desescalada. Ahora todos los expertos alertan que la nueva normalidad hasta que haya una vacuna pasa por convivir con estos nuevos brotes.

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